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Tristuras
Quien besa el corazón de un alma solitaria
es posible que halle un nuevo aroma.
Quien llora bajo la lluvia en el invierno
perderá sus lágrimas, mas no la tristeza.
Algunas rebeldías
fluyen con acento profético,
son de campanas que tañen para nadie.
Algunas flores brotan entre el hielo,
son humildes sonrisas sin amparo.
Algunas veces alcanzan las miradas
a contemplar la hermosura de unos ojos.
Cuántos lázaros buscan
las migajas
que comen los perros de los ricos.
Besos, lágrimas perdidas, rebeldías,
sonrisas de invierno, miradas y pobreza;
ese es nuestro mundo, de abatida belleza,
reflejo de campos helados y yertos,
que ignora el latido apagado del suelo,
la voz de la vida, la luz del sol nuevo.
Vidas vacuas, sin color,
sin calor
Vidas muertas, primaveras sin sol.
Un pecho vacío donde no late nada
un agujero negro en el alma.
Arroyos secos, fuentes contaminadas.
niños sin risa, pájaros que no cantan.
Perdido entre clandestinos
nomeolvides,
soy pasto de la ausencia y la desolación.
Vago entre pensamientos deshabitados,
en una marea incontestable de silencios.
No encuentro la delgada luz que animaba
en otros tiempos mi espíritu, ahora
resentido por amores famélicos.
Todo parece yermo, todo
está ya perdido.
Pero cuando una nube, preñada de agua,
descargue su esperanza
sobre mi seco corazón,
allí donde cayeron las hojas de amores sin sol
germinará, no la vida, ni la ilusión
ni un nuevo amor ni un nuevo sueño,
germinará la palabra,
la que tañerá en el desierto
diciendo: no estamos solos,
aunque nos empeñemos;
musitando: aún hay amor,
aunque nos engañemos,
aunque nos pesen los párpados
y se nos cierren los sueños
gritando: aún seguimos vivos
aunque nos vaciemos,
aunque nos duelan las horas
y se nos sequen los besos
callando: aún estamos a tiempo
de inventarnos otro mundo
mientras se nos inunda
de nostalgias el futuro.
Porque es lo único que nos queda:
los recuerdos vividos, por muy dolorosos que estos sean,
recordar el ayer
para poder caminar mañana.
Nuestro sendero está
hecho,
por eso lo llenamos de nostalgias
que nos hacen seguir cuerdos, latir el corazón
y no se enfríe el alma,
Entretanto esperamos que llamen a nuestra puerta
para anunciarnos que esto se acaba.
Y aparece una semilla al otro lado,
diminuta y traviesa,
furtiva en el eclipse del aliento.
Se convierte en brote que renace,
en luz que busca el cielo del olvido,
Va enterrando sus sueños,
heridos de raíces,
al tiempo que crece, poco a poco,
y le inquieta el nuevo mundo que se ofrece.
Los relojes se abrieron,
y una arena de tiempo
desnuda de sombras el camino.
El viento aleja
una hojarasca de recuerdos y abandono...
Llevadme vos
a donde el mar no pueda
con sus tentáculos de cieno moribundo
arrancar de mi memoria el dulce jugo
que vais alimentando en la palabra.
Que yo responderé de vuestra hazaña
tiñéndo de azul el horizonte
desde mis hojas blancas.
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