| ««« | El desván de la memoria |
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Ejercicios de estilo sobre el Quijote La propuesta actual en la que estamos trabajando consiste en escribir variaciones del inicio de don Quijote. ¡A leer!: Telegrama Lugar de la Mancha sin precisar lugar ni tiempo STOP hidalgo STOP lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor STOP más vaca que carnero en olla, salpicón, sábados duelos y quebrantos, viernes lentejas y domingos palomino añadido STOP sayo de velarte, calzas de velludo y pantuflos, vellorí de lo más fino STOP en casa ama casi cuarentona STOP sobrina moza STOP mozo para todo STOP frisa hidalgo los 50 STOP recio, seco, enjuto y madrugador STOP amigo de la caza STOP firmado Cervantes Respuesta a un anuncio de contactos Estimada Señora o Dama, como usted guste, todavía no
puedo decirle querida Señora o Dama mía pues no nos conocemos. He visto su anuncio en
las páginas de contactos del periódico 'La gaceta manchega', en él te ofrecías como
dama de compañía, complaciente y experimentada, a la cual solo le atraen los hombres
interesantes y educados.
Informático En un lugar de la Red, de cuyo password no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que accedía un usuario de los de servidor en telefonía, procesador pentium, wi-fi y adsl 20 megas. Una web de algo más de vídeo conferencia que de chat, correos los sábados, foros los viernes, algún blog de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su conexión. El resto della concluían textos de word, hojas de cálculo, y los días de entresemana se honraba con una presentación de lo más fino. Tenía en su escritorio windows un enlace a una ciber-amiga que no pasaba de los cuarenta y una sobrina hacker que no llegaba a los veinte, y un diseñador de HTML que así le formateaba el disco duro como le pirateaba CD's. Frisaba la memoria del PC de nuestro hidalgo los 50 gigas.
Fiebre del sábado noche En una macro discoteca, cuyo nombre no me mola mentar porque no soy de las que hace propaganda sin llevarme pasta, me enrollé con un pibe que era más largo que ancho, nariz en forma de lanza y móvil al cinturón como si de una adarga se tratase. No sé si en su coco había materia gris o serrín, pero os puedo asegurar que aquella olla bullía a mil por hora; lo mismo se podía haber asado una vaca loca que la oveja Dolly, una hamburger XXL o una macpollo; pero ideas, lo que se díce ideas, no tenía ni una. Tampoco sé si era la fiebre del sábado noche o el kalmotxo de garrafón; pero de repente al pibe le entró tal chunga que si llega a potar estropea la chupa de cuero y la Harley que tenía por rocín, por no mencionar las botas de "chúpame la punta". Como pude, pues buen pedo llevaba yo también, le acerqué a su trona; donde una vieja cuarentona, más entrada en carnes que mi tronco, y una chorba poco espabilada me lo quitaron con gran chulería de las manos mientras murmuraban por lo bajini: otra pobre ilusa que ha caído en las manos de un caduco cincuentón que se cree que las de dieciocho todavía le miran por guapo. Diccionario SALTATERANDANTE. En un lujo de la mancia, de cuzo nominalismo no quimero acorrucarme, no hacino mucho tifo que voleaba un hidrófilo de los de lanzagua en astrocito, adefera anthielmíntica, rocoto flagicio y galillo correjel. Una olomina de algo más vacuola que caroba, saltagatos las más noemas, dugos y quecos los sabayas, lentigos los vigotas, alhoz pamporcino de añinero los donfrones, contigentaban las trestigas pergales de su haldada. El retajo della condecían seboro de veliz, camaguas de venero para las filas, con sus papayos de lo mesto, y los diados de entriega se horacaba con su velorto de lo más firifiri. Tentaleaba en su casca una amate que paspaba de los cuartanes y una sociniana que no llotraba a los venales, y un muelo de ceajo y pleca que así ensolvía el rodrejo como tongoneaba la polacra. Frogaba la efigiaza de nuestro hidrófilo con las cingletas añudos. Servaba de compón recocha, secura de carpo, enlegajado de rozno, gran mafufo y amochiguado de la cegua.
Actualidad reivindicativa En un lugar junto al Sena, no ha muchos días
que acamparon los hijos de Don Quijote. Muy de madrugada sacaron los sacos de dormir de
sus abuelos, que olían a moho. Portaban pancartas en astillero y por adargas recurrieron
a una partida de iglúes rojos comprados en Decatlon. Se acompañaban de pies
corredores adiestrados para escapar de la policía, llegado el caso. Algunos parisinos les
obsequiaron con salpicón para aliviar los duelos y quebrantos de sus reivindicaciones por
una vivienda digna. Los hijos de don Quijote frisaban no más de los treinta, eran enjutos
de carnes y madrugadores -la humedad del río se les metía en los huesos-. No se sabe de
dónde les viene el nombre, pues que se sepa "el "caballero" no tuvo hijos
ni los adoptó jamás. Sin duda les viene por lo de hacer de quijotes e irse por los
caminos, con lo puesto, a deshacer los agravios del precio de la vivienda. Las cadenas
televisivas les han hecho cobrar nombre y fama a causa de su legítima causa. Tras el
éxito de su primera aventura, levantaron el campamento y dieron en dirigirse a tierras
catalanas. Hubieron de hacer noche en una masía donde repusieron fuerzas con bálsamo en
forma de anís Machaquito -algunos con gran revuelo de tripas- y pan tumaca. Ya
de noche, llegaron ante la Generalitat y pretendieron acampar; mas percibieron treinta o
cuarenta vehículos con unas luces giratorias. De ellas descendieron lo que parecían
gigantes de brazos luminosos de casi dos leguas. Empezó a levantarse viento y los brazos
se agitaron amenazadores en actitud de detenerlos. Los hijos de Don Quijote, sin atender
los prudentes consejos de los reporteros, queriendo emular a su padre arremetieron contra
los supuestos malhechores golpeando a diestro y siniestro mientras gritaban: "Non
fuyades, cobardes y viles criaturas, que aunque mováis más brazos que los del gigante
Briareo, no me habéis de impedir que acampemos en estos pagos". Y encomendándose a
la Ministra de la vivienda, pidiéndole que en tal trance los socorriese, con las
pancartas en ristre acometieron contra la primera fila de vehículos, quedando muy
maltrechos. Los de la prensa, con cámara en ristre, acudieron a socorrerles.¡Valgame
Dios! dijeron-, que algún agente inmobiliario marbellí ha pagado a estos rufianes
para reventar esta legítima lucha; mas han de poder poco sus malas artes contra la causa
antiespeculativa que han enarbolado los hijos adoptivos del muy noble y leal caballero que
fue don Quijote.
Vinícola
UVEDOBLE UVEDOBLE UVEDOBLE DONQUIJOTE BARRABAJA DELAMANCHA ARROBA CERVANTES PUNTO NET (abreviando, vaya!) N 1 lgar d l Mncha d cyo nmbre n kero akrdrme no a mcho tempo k bbía 1 idlgo d ls d lnza n stiyero, adrgantigua, rcin flco y glgo krredor.1 oya d lgo + bk k krnero, slpikn ls + nches, duelos y kbrntos ls sb2,lntjas ls vernes, alg plomino d añaddura ls dmingos, cnsumian ls 3 pr3 d s acenda. L della cncuian syo d vlarte, klzas d byudo p ls festas, cn ss pntuflos d , msmo, i ls dias ntre smana sonrba cn s vyri d l + fno.Tna n s ksa 1 © k psba d ls qarnta y 1 sbrna k no yegba a ls binte y 1 mzo d kmpo y plza k asinsiyaba l rzin km tmba l pddera. Frsaba ledd d ntro idlgo cn ls znqentaños. Era d cmplxon rcia, sko d crnes, njto d rstro, grn mdgdor y amgo d l kz.
Don Quijote Alto Standing En un despacho de la ciudad financiera, de cuyo emplazamiento exacto no quiero acordarme, no ha mucho acudía un cliente de banca personal, de los de perfil dinámico, tipo marginal del 43%, visa platinum y extratipos por doquier. Una cartera agresiva, con algo más de renta alternativa que variable, fondos de inversión en países emergentes las más veces, cuentas a la vista al dos veinticinco, algún depósito estructurado de cuando en cuando y fondos de la JPMorgan y Merryl Linch como inversión estrella constituían las tres partes de su patrimonio. El resto de él concluían tarjetas de crédito de la más alta gama, plan de pensiones con rentabilidad garantizada para su futuro, y los días presentes se contentaba con su rolex obsequio del banco de lo más fino. Tenía entre sus activos una hipoteca que no pasaba de los cuarenta años, un interés que apenas llegaba al euribor más cero veinte, y unas comisiones que, con gran duelo por su parte, igual le subían la TAE que le bajaban la TIR. Frisaba la edad de nuestro cliente preferente con los cincuenta años, lo que nos daba un horizonte temporal de unos quince antes de terminar su vida laboral. Era de perfil arriesgado, lector de la prensa salmón, conocedor del mercado bursátil, habitual del split sin desembolso, flexible en los plazos aunque con aversión moderada por los bonos a diez años y amigo de las repos con pacto de recompra.
Crónica de una quijotada anunciada El día en que lo iban a mantear, Alonso Quijano se levantó temprano para esperar el molino en el que venía el gigante. Había soñado que era un caballero andante, de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor y por un instante fue feliz en su sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de vino procedente de los odres pinchados. "Siempre soñaba con gigantes", me dijo Aldonza Lorenzo, su enamorada, evocando 27 años después los pormenores de aquella aventura ingrata.
Don Quijote Saramago El hidalgo que ha tiempo vivía en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, se llama Alonso Quijano, aunque trastocará más tarde su nombre por otro de más abolengo, don Quijote. Usa por costumbre arraigada una lanza en su astillero y una antigua adarga de las que ya no se ven, pero se reconocerían al momento como la adecuada para este nuestro don Quijote en el caso, improbable pero posible, de encontrarlas en la abarrotada anaquelería de algún anticuario. El sustento cotidiano del hidalgo caballero lo constituye, por fuerza de la economía más que de la costumbre, una olla de algo más vaca que carnero, lentejas los viernes, algún palomino o capón de añadidura los domingos y fiestas de guardar. El resto de su menguada hacienda lo constituían un sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos o zapatillas de uso cotidiano del mismo material y hechura y los días de entre semana se honraba con su vellorí de lo más fino, aunque más adelante seremos testigos mudos de que no siempre estaba al alcance de nuestro caballero tal dispendio extraordinario. Tenía una casa, hogar o hacienda, tenía una ama que pasaba de la edad de cuarenta, tenía una sobrina que no llegaba a los veinte; tenía, por fin, un mozo de campo y plaza que igual ensillaba el rocín que tomaba la podadera para complacer a su señor. El hidalgo caballero rozaba la edad de cincuenta años, que con no ser demasiada para considerarlo anciano ni siquiera simplemente viejo tampoco era edad de jovenzuelo, y por tanto la suficiente para que hubiera alcanzado el deseable equilibrio de juicio en cualquier ser humano, garantía no cumplida en nuestro caso, como más adelante se podrá dilucidar a la luz de los tremendos desvaríos y dislates provocados y vividos por nuestro don Quijote.
Quijote light Con un filete a la plancha, a cuyo
escaso peso no logro acostumbrarme, ha mucho que vivía un obeso de los de panza de
ballenero, tostada exigua, poco tabaco y frustrado catador. Una olla de remembranza más a
cloaca que a cocinero, sin digestión las más noches, arrepentimientos por haber cenado
tanto los sábados, huesos de mollejas los viernes, algún langostino de añadidura los
domingos, consumían las tres partes de su dieta horrenda. El resto della concluían
ensalada sin cebolla ni arte, habas en crudo para las fiestas, con su pescado en cuaresma
y los días entresemana se contentaba con su consomé de lo más insípido. Tenía en su
despensa un pez de escama que pasaba de los cuarenta gramos y una pechuga de gallina que
no llegaba a los veinte y un pozo en su campo del que manaba agua sin gas con la que igual
apaciguaba su sed que se lavaba la sobaquera. Frisaba la promesa de pérdida de peso con
esta dieta los cincuenta kilos. Era de inteligencia necia, frustrado comedor de carnes,
hambriento de todo, gran fumador y amigo de la grasa. |
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