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El desván de la memoria Mercedes Martín Alfaya |
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Nací en Córdoba, aunque vivo en Benalmádena (Málaga). Soy inquieta, responsable y funcionaria (trabajo en un museo). Me gusta la gente positiva, las cenas con velitas, escribir y andar descalza; también los magos y las piruletas. Aprendo de los demás y comparto mis hallazgos. El tiempo me enseñó que las piedras rompen los bolsillos y las sonrisas los ensanchan; que leer es vivir dos veces y que la felicidad no está donde se busca, sino donde se encuentra. No creo en la casualidad y me he comprado una mochila para guardar tesoros. Admiro a García Márquez, Delibes, Cortázar y Bécquer. Nunca pierdo de vista el horizonte. Tengo un Dios y un amigo. |
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Mi frase: Te quiero no por quien eres sino por quien soy cuando estoy contigo (García Márquez) |
Muñeco con Cuerdas
Cuando nací, mi padre se puso muy contento y lo primero que dijo fue:
Hola, chaval. Yo quería contestarle, pero no me salían las palabras. Él
me sopló por todas partes para quitarme los restos de serrín, y luego me
sentó en una mesa y me pintó los ojos, la nariz y una corbata muy chula.
Como yo seguía sin hacer nada, pasó unos hilos finitos por mi cuerpo y
tiró de ellos. Yo quería darle las gracias, por lo guapo que me había
puesto y todo eso, aunque seguía sin salirme la voz. Por la tarde vino un
niño al taller y se encaprichó conmigo, decía: quiero ese, quiero ese.
Y mi padre me colocó en sus manitas para que me fuera con él y con su
papá. El caso es que desde entonces todo se ha vuelto oscuro. Creo que
estoy en un armario, o en un baúl, o en un cajón. No me gustan los niños,
se encaprichan con las cosas y luego se olvidan de ti, como si fueras una
marioneta. |
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Foto: Mercedes Martín Alfaya |
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Tengo un amigo
Tengo
un amigo que me está enseñando a montar en bicicleta. Antes, yo lo había
intentado muchas veces por mi cuenta; pero como siempre terminaba en el
suelo, lo dejé. Él dice que no debo tener miedo, que las caídas forman
parte del aprendizaje y que lo importante es no correr, mantener el
equilibrio y no perder de vista el frente. Ayer, lo pasamos de fábula,
porque como soy tan loca, intenté una maniobra por mi cuenta y casi me
estampo contra el muro. Entonces, mi amigo me agarró del sillín y corrió
a mi lado: “eso es, eso es”, me decía, y yo sentí que me elevaba en
el aire.
Cuando
se fue, estuve practicando un rato y me parecía que él seguía allí,
alentándome a seguir y recordándome que puedo conseguir todo aquello que
me proponga. Qué curioso, a veces pienso que los amigos son como los ángeles;
pero mi amigo más. |
Foto: Mercedes Martín Alfaya |
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Foto: Paulo Nozolino (Colección Cajasol).
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El niño del museo
Sarajevo
tenía los ojos de vidrio y el cuerpecillo seco. Lo encontramos al bajar
la escalera, enmarcado en un silencio extraño. Al verlo, mi padre se quedó
muy serio, cerró los ojos y me apretó mucho la mano, como diciendo: no
te vayas, no te vayas… Y yo me quedé allí, contemplando a Sarajevo
dormido en la pared.
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Tareas cotidianas(para colgar en la nevera)
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Foto: Mercedes Martín Alfaya
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Puedes leer más relatos míos en la Sala de Lectura del Desván:
El secreto del jefe indio (1º premio Certamen Canal-Literatura 2007) Carta de Dulcinea a Don Quijote (1ª premio Certamen "Cartas de Dulcinea" 2006) Del color de los ojos (Finalista Civilia 2006) Un millón de rosas (Finalista Pompas de papel 2005) Un latido en el tiempo (Finalista Civilia 2005) Tacirupeca (Finalista Certamen Acumán 2005) La belleza incompleta de la luna (3º premio Certamen Benalmádena 2005)
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