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Presentación de la lectura poética de Yolanda Sáenz de Tejada en el café librería Anaís (Vitola 71)  

 

                                                 Ramón Alcaraz García

Buenas noches a todos:

Quiero decir en primer lugar que es un honor y un placer para mí presentar hoy aquí la lectura poética de Yolanda Sáenz de Tejada Vázquez.

Voy a ser breve en esta presentación, porque lo que realmente es importante esta noche es Yolanda y su poesía; y no me voy a extender sobre las características de los poemas de la lectura, ya que corresponde a cada uno escucharlos, apreciarlos, interpretarlos, sentirlos y "opinar" sobre ellos.

Como dato anecdótico, os diré que yo me enteré de esta lectura precisamente aquí en Granada, hace unos meses, en enero, en otra reunión poética que fue la lectura homenaje a Ángel González, en el ciclo poético "Hospes Poesía en el Palacio", que además es un proyecto que coordina Yolanda (es probable que todos los que estáis aquí ya lo conozcáis, y a los que no, pues os invito a que disfrutéis también cada mes de sus lecturas). Yolanda entonces me habló de lo que compartimos ahora, y la verdad es que yo no dudé en aceptar encantado la oportunidad de realizar esta presentación. Y para mí es importante este detalle de que la lectura homenaje a Ángel González haya tenido continuidad esta noche con la lectura poética de Yolanda; porque ella misma reconoce, o confiesa (aunque no es ningún secreto, lo dice con orgullo), que ella comenzó a escribir leyendo unos poemas de Ángel González. Es curioso tener una referencia reconocible de un poeta concreto y de unos versos que a ella le impulsaron a escribir; y además a escribir, como lo hace ella, con determinación, de manera constante.

Como decía, yo no voy a dar una opinión personal y detallada de la poesía de Yolanda, y sí prefiero destacar cómo es Yolanda como poeta, porque para mí su mejor cualidad como escritora es la necesidad vital que tiene de escribir, de expresar aquello que le llama la atención, lo que la intriga, lo que la emociona, lo que le provoca sorpresa, lo que la inquieta, lo que la entristece o alegra; un impulso que ha de reflejar en el papel, expresarlo en principio para ella misma, para perpetuar lo que le interesa especialmente y lo que necesita conservar como una extensión de sus recuerdos y de sus sentimientos. Para mí eso es ser poeta: sentir la poesía y escribir como respuesta a una necesidad existencial, sin la cual no puede vivir.

Este detalle nos ayuda también a entender mejor cómo es su poesía. Es una poesía original, muy particular, con un estilo propio ya desde sus primeros escritos.

Es cierto que la originalidad es algo que también ha de determinar el lector o el oyente; pero ya os anticipo que ciertas palabras, ciertas expresiones, metáforas y símbolos, a veces recurrentes, son propias de esa manera particular de expresarse de Yolanda, de su estilo. Posee un uso del lenguaje que es llamativo, intenso, que a veces espolea al lector y no le permite relajarse en la contemplación de un lenguaje meramente estético...

El hecho de que ella responda a una necesidad vital de transmitir algo que la ha emocionado primero a ella, o que le ha causado intriga o curiosidad, nos lleva a otra característica de sus poemas, y es que es siempre fiel al contenido, no escribe de manera puramente formal, y por eso siempre encontramos en sus poemas una historia, un mensaje, un significado; encontramos lo mismo que a ella le causó emoción o le motivo a escribir. Esto lo hace de manera consciente, ya que a ella no le gusta la poesía que sólo es forma, que sólo es lenguaje ornamental o retórico. Y eso creo que es un valor añadido en toda buena poesía, el hecho de que el poema nos transmita algo, que deje un poso en nosotros, que nos permita descubrir algo nuevo o que incluso nos diga lo que ya sabemos; pero que es algo que nos llega desde su punto de vista, desde su modo exclusivo de contarlo. La poesía nos hace exclusivos, tanto a los que la escriben como a los que la leen.

Lo cotidiano, lo sencillo, lo habitual...; la vida, en definitiva, es lo que encontramos en la poesía de Yolanda... En ella nos abre ventanas donde observamos un instante preciso, puntual, que nos invita a entender, a asentir, a veces a sorprendernos o a reflexionar. No existe más pretensión que el deseo de que entremos en el poema y nos dejemos llevar por lo que nos cuenta.

La poesía, la buena poesía, nos queda como algo que recibimos con sencillez, con naturalidad. Para mí el mejor halago cuando leemos un poema es hacerlo nuestro, que pensemos que eso es algo que ya sabíamos, o que ya sentíamos, pero que ha despertado dentro de nosotros justo en ese instante. Algo tan simple y tan cercano que lo hacemos nuestro, y que nos gustaría haberlo escrito nosotros.

Bueno, no voy continuar porque los protagonistas de esta noche y lo que estáis esperando escuchar son los poemas. Yo me he concedido la licencia, y le pedí a Yolanda permiso para cumplir este atrevimiento, de leer el primer poema de esta velada. Es un poema que a mí personalmente me gusta mucho, es mi favorito de los que hasta ahora ha escrito, y que veo además que le gusta a más gente porque ha sido un poema doblemente premiado: fue finalista del certamen Antonio Cerrato y ganó también el cuarto premio del certamen de poesía de Viladecans. Con este poema iniciamos por tanto la lectura:

 

Cuando paseo contigo por la calle

y tú me coges de la vida por la mano,

yo sonrío atolondrada

como niña de colegio en su recreo.

Cuando me llevas a un hermoso restaurante

y yo siento mi silla en tu cara,

no te dejo que mires a otro sitio;

sólo mi cara de adolescente enamorada

Cuando me regalas la tarde

y bajas el sol hasta mis nalgas

(antes de que el fuego queme mis rodillas),

yo duermo la siesta de adulto entre tus ojos.

Después, cuando la noche aprieta mi ombligo

y tú me compras un regalo,

yo me tumbo en la esquina de tu boca

para morir de vieja entre tus besos…

                                                                                Granada, 10 de marzo de 2008

   

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