| ««« | El desván de la memoria |
Psicología y creación artística Patricia Díez GABINETE DE PSICOLOGÍA DÍEZc/ MALDONADO 59 SÓTANO D (Madrid) Teléfono: 606 423 465 |
|
|
Perfeccionismo IDEA DE QUE PARA CONSIDERARSE A UNO MISMO VALIOSO SE DEBE SER MUY COMPETENTE, SUFICIENTE Y CAPAZ DE LOGRAR CUALQUIER COSA EN TODOS LOS ASPECTOS POSIBLES. (Error de pensamiento nº 2. Ellis) Mucha gente cree que a toda costa tienen que lograr hacer perfectamente todo lo que emprenden. Piensan que si no son muy competentes, suficientes y eficaces en todos o al menos en alguno de los aspectos importantes de su vida, es que son unos inútiles, incompetentes o poco valiosos. Sin embargo, esta es una idea que no se ajusta a la realidad por varias razones: Es fácil constatar que nada en este mundo es perfecto y que nadie, como humano que es, puede ser totalmente competente y destacar en casi todos los aspectos de su vida; la mayoría de la gente no destaca en un solo aspecto de su vida por importante que sea para él. El tener éxito a todos nos gusta, el intentar triunfar está bien ya que nos aporta unos beneficios y nos motiva para avanzar; pero eso no quiere decir que me haga mejor persona, porque el valor no está en el éxito o en lo externo, sino en lo interno de las personas. Pero EXIGIR a uno mismo o a alguien el perfeccionismo conduce siempre al mismo resultado: la frustración, decepción o depresión. Muchas veces, el perseguir el éxito en nuestra sociedad competitiva genera muchas ventajas, pero la energía necesaria para conseguirlo, [y esta se puede suprimir] normalmente nos llena de tensiones excesivas tanto a nivel psíquico (pensamientos recurrentes, preocupaciones, mal humor ) como a nivel fisiológico (hipertensión, dolores de cabeza y musculares, insomnio, pérdida de memoria, úlceras ) y fuerza a uno más allá de sus posibilidades, llevando a la persona a padecer distintas enfermedades que a su vez generan más tensión. La persona que se pone la obligación (a veces sin ser consciente de ello) de ser muy competente en todo, no sólo está desafiándose a sí mismo para comprobar su propio poder sino que invariablemente se está comparando con los demás, por lo tanto estará más dirigido por el otro más que por sí mismo. El problema se agrava cuando nos imponemos tareas de las más difíciles y que suponen mucho desgaste de energía. Sin embargo cuántas veces nos preguntamos:
¿Llegaré a algún punto en el que me sienta satisfecho con lo que he hecho y descanse? Normalmente no, la carrera continúa y siempre pensamos que podíamos haber hecho más, porque siempre hay alguien que hace más. Pero esto es muy injusto, ya que de los demás no tenemos control y de nosotros mismos obtenemos satisfacción cuando disfrutamos con el proceso y resultado de la operación, si no, no merece la pena. Concentrarse en la perfección, el éxito o ser competente en todo, a menudo nos aparta de un objetivo muy importante que es disfrutar de la vida, es decir, descubrir día a día cuáles son nuestros intereses, habilidades, nuestras cosas positivas y agradables, y las de los demás, centrándonos en lo que nos importe verdaderamente a nosotros, no a los demás y poder dedicar nuestra corta existencia a eso. Hay veces que se nos olvida preguntarnos:
¿Realmente me hace feliz luchar por esto? ¿Si no lo hiciera así de perfecto sería tan terrible? La preocupación por hacer las cosas muy bien da como resultado un enorme miedo a cometer errores, a fracasar, a probar cosas nuevas, y nos paraliza en nuestras acciones. Una excesiva exigencia en cualquier cosa que uno esté realizando, nos hace preocuparnos por el fallo, nos hace sentir inseguros y lleva a no disfrutar del trabajo, o a fracasar en la tarea y a sentir que no valemos con la consecuente bajada de autoestima. Los demás sienten lo mismo cuando les exigimos las cosas muy bien hechas. También tendremos en cuenta que hay cosas que por mucho que nos esforzásemos nunca saldrían como nosotros queremos, y a veces nos negamos a aceptarlo produciendo esto una tremenda frustración en nosotros. En otros casos sabemos que podríamos llegar a conseguirlo pero ahí cabe plantearse:
¿Me merecerá la pena el esfuerzo? ANTE ESTE PANORAMA NOS CONVIENE IR CAMBIANDO ESTA IDEA IRRACIONAL, SIGUIENDO LAS SIGUIENTES SUGERENCIAS:
Olvídate de destruirte a ti mismo en el intento de hacerlo bien, simplemente hazlo.
No sólo disfrutes del resultado sino también del proceso.
más que por agradar a los demás o por ser mejor que ellos. Cuando intentes actuar bien para tu propia satisfacción, insiste en que no tienes que hacerlo perfecto, ni en luchar por superar a los otros, sino por superarte a ti mismo si es que te compensa.
Pregúntate de vez en cuando si estás luchando por alcanzar un objetivo en sí para tu propia satisfacción o por los demás para conseguir admiración o aprobación.
Acepta tus confusiones en vez de horrorizarte ante ellas, e intenta mejorar la situación, aprendiendo y dándote el tiempo suficiente para mejorar con tranquilidad. Fuérzate a realizar cosas en las que temes fracasar de vez en cuando y di: "intentarlo es lo importante, no triunfar" "todos tenemos fallos" "aprender es lo que estoy intentando".
¡Lucha por lo que tú quieres, no por lo que los demás quieren de ti!
Pensamiento positivo El pensamiento se va formando a lo largo de nuestras vidas, se forja incluso en las edades más tempranas, de forma que nos afectará posteriormente a lo largo de toda nuestra vida. Poco a poco va configurando nuestra forma de ver el mundo y de interpretar las situaciones que nos ocurren cada día, determinando qué tipo de información seleccionaremos y en consecuencia cómo nos sentiremos. Cuando sentimos emociones, unas dolorosas y otras satisfactorias, casi siempre están nuestros pensamientos por medio. Normalmente echamos la culpa al ambiente, afirmando que pasan cosas positivas y negativas y que por eso estamos de mal humor, nerviosa o colérica. Pero esto solo es verdad en parte. Es cierto, que un ambiente favorable es el primer paso para encontrarnos bien o mal. El segundo paso y más importante, es: la interpretación que nosotros hacemos de dicho ambiente.
En último lugar: la interpretación de nuestra respuesta física a ese ambiente o la interpretación de nuestra respuesta física a nuestros pensamientos.
Por ejemplo, ante la situación de un despido laboral cuya causa sea sin más explicación el recorte de personal. Puede haber tres personas con tres interpretaciones diferentes:
La primera interpretación es de estilo positivo, con ella vamos a conseguir iniciar las próximas búsquedas de trabajo con un sentimiento de seguridad y por lo tanto aumentando la probabilidad de éxito, lo que a su vez hará que esté a gusto consigo mismo y favorecerá que continúe con una visión positiva de las cosas. En el segundo caso, hay sin embargo una visión negativa de la situación, en ella se machaca la autoestima, disminuyendo las probabilidades de conseguir sus objetivos por disminuir la seguridad en sí mismo. Por último, en el tercer caso, deja al margen los juicios de valor centrándose únicamente en su situación actual y lo que quiere conseguir, esta situación también favorece una adecuada actuación, pues no ataca su autoestima de ninguna manera. Como vemos es muy difícil hacer un análisis riguroso de la realidad, siempre existe cierto margen de distorsión, por lo tanto, ya que esto es así, ¿no será mejor inclinarse hacia el lado positivo?.
El ambiente externo o interno no tiene un contenido emocional en sí mismo. Somos nosotros los que en nuestro afán de ordenar el mundo y comprender lo que nos rodea, etiquetamos con tal emoción a cual situación, de manera que se queda así automatizado y sólo se cambia a veces cuando se encuentran nuevos datos. El problema continúa cuando esos pensamientos automatizados "saltan" ante cualquier situación problemática haciendo que nos sintamos mal. Estos procesos de interpretación de la experiencia, comprobación de datos, etiquetaje, pensamientos, constituyen la base de las emociones.
La activación física por sí misma no tiene porqué producir emociones. La prueba es que cuando tenemos experiencia sobre un tema (eje: una inyección) no le damos importancia, sentimos dolor, pero nos parece comprensible y llevadero. Sin embargo, cuando ocurre algo que desconocemos y para lo que no encontramos una explicación, buscamos activamente en nuestro entorno para poderlo etiquetar, y de esa etiqueta va depender nuestra respuesta emocional. Por lo tanto se puede llegar a padecer ansiedad diciéndose cosas a uno mismo si asocia su activación fisiológica con pensamientos de peligro, causando así más ansiedad o preocupación y a su vez más activación fisiológica y más ansiedad o miedo.
Muchas veces, nuestras atribuciones son correctas, pero hay otras veces que nos equivocamos y deformamos la realidad. El problema se agrava cuando tomamos ese pensamiento como dogma de fe y lo automatizamos. Los pensamientos automáticos pueden ser desde una simple palabra hasta un discurso entero. Lo que es casi seguro, es que cuando nos sentimos abatidos, deprimidos, coléricos, es decir, con alguna emoción fuerte, es nuestro pensamiento el que está deformando la realidad. Entre el suceso ambiental o interno y la emoción, existe una charla interior, automática que nos hace sentir mal. Cuando pensamos que no vamos a conseguir las metas que queremos, que nos engañan aun sin tener pruebas, o tenemos miedo sin un peligro real, nuestro pensamiento está actuando.
Los pensamientos distorsionados son: Inflexibles Automáticos Dogmáticos Catastrofistas Autodegradantes Perfeccionistas Adivinan el pensamiento No realistas
Los pensamientos realistas son: Flexibles Permiten excepciones son críticos Se puede comprobar Contemplan nuestras necesidades y sentimientos Nos dan libertad
Claro, pero ahora . ¿Qué puedo hacer? Siempre puede surgir una oportunidad o muchas pequeñas oportunidades en nuestra vida que nos inviten a la reflexión de cómo ha sido en nuestro caso esta formación del pensamiento, y por tanto de nuestros sentimientos y nuestra forma de enfocar la vida. ¡Esto es muy importante!, Ya que el cambio es posible. Nada como conocer, - por lo menos en parte -, cómo somos para ser mejores, para ser más felices. Como resultado de esta reflexión nos iremos dando cuenta de la línea en que nos movemos, es decir, si tendemos a ser más positivos o negativos, a dudar o reafirmarnos, etc. Nosotros somos dueños de nuestros pensamientos, y por lo tanto, podemos decidir qué es lo que nos conviene en cada caso y qué nos permite obtener una mejor calidad de vida.
El pensamiento precede al sentimiento. Si podemos cambiar las atribuciones e interpretaciones, también cambiaremos los sentimientos de temor, depresión, ansiedad, ira Entonces ¿Cómo lo puedo alcanzar? Mediante pensamiento positivo, que es tan sólo una de las formas de percibir nuestra realidad y la del mundo que nos rodea. La realidad se nos presenta de una determinada manera, lo que varía es la interpretación que nosotros hagamos de ella.
Desde hoy tendremos en cuenta el "efecto de la palabra"; con esta expresión hacemos alusión a los sentimientos que pueden provocar en nosotros determinadas palabras, pensamientos y frases hechas, estas muchas veces son tópicas y las decimos sin más, pensando que caerán en el vacío cuando esto no es así. La palabra ejerce su efecto no sólo a nivel consciente sino también inconsciente. Eliminaremos entonces frases como: "me encuentro fatal", "estoy echo polvo", "parezco tonta", "vaya mierda de dia", "esta es una vida de perros", "no tengo tiempo para nada", "eso yo no puedo hacerlo, " no puedo con eso", "así no puedo seguir", "esto es muy dificil " Es fundamental para tener una óptica y una vida más positiva, ya que estas frases no reflejan objetivamente la realidad, por ser esta mucho más compleja y lo que hacen es influir negativamente en nosotros.
Cambiando nuestras palabras cambiamos nuestra mente. Todo esto es posible si se quiere y además pronto se empieza a disfrutar de los beneficios que conlleva, y teniendo en cuenta que siempre se está en continuo cambio y que nunca es tarde para ello. La excusa de la edad no nos vale, tampoco el creer que ya se ha llegado lo suficientemente lejos y que no es posible mejorar, o que hacerlo lleva mucho esfuerzo, ya que con voluntad todo está a nuestro alcance. Por lo tanto, sólo queda desechar las frases del tipo: "Genio y figura hasta la sepultura", "cuando tu vas yo vuelvo", "a mi edad ya nadie me va a hacer cambiar"... ya que ejercen un efecto perjudicial en nosotros. Dado que son los pensamientos los que dirigen los sentimientos, tendremos cuidado con no caer en las siguientes distorsiones:
DISTORSIONES MÁS COMUNES EN NUESTRO PENSAMIENTO ¿ERES DE LOS QUE SIEMPRE LES PASA LO PEOR? Es muy probable que simplemente estés exagerando. Muchas veces esto se debe a los pensamientos automáticos ( pensamientos que por su uso frecuente saltan ante cualquier estímulo o situación sin dar lugar a la reflexión).
Soluciones: Imagina que estás subiendo en un globo y desde esa misma perspectiva piensa en la importancia que tiene ese mismo suceso. También puedes pensar en la importancia que tendrá cuando pase un determinado espacio de tiempo, una semana, un mes
¿TIENDES A GENERALIZAR? Si te sorprendes usando a menudo palabras como: nunca, siempre, todo, nadie es muy probable que estés dentro de este saco, además es frecuente en la generalización: Pensar que todo es blanco o negro. Atraparse entre dos puntos de vista poco realistas, (nunca me hace caso, siempre hace lo que le da la gana).
Soluciones: Piensa que es muy difícil que algo sea perfecto o imperfecto, los matices también existen. Concédete triunfos parciales. (desde luego no estoy en el mejor momento pero e incluso el propio Einstein suspendió matemáticas antes de ir a la universidad).
¿VIVES PREOCUPADO? Las preocupaciones son normales y adaptativas ya que, previenen de futuros problemas y anticipan sus soluciones, pero cuando esto sucede en exceso y de manera desproporcionada dejan de serlo y pasan a ocupar gran parte de nuestro tiempo entorpeciendo en este caso la solución: Pregúntate en qué grado esas preocupaciones pueden convertirse en realidad y céntrate en la probabilidad de ese porcentaje de que no ocurra. Ensaya soluciones que den respuesta al problema y cuando las tengas olvídate temporalmente de él, ya estás preparado por si ocurre. Escríbete una carta y envíatela, te sorprenderás al ver la cantidad de veces que nos preocupamos por cosas que no llegan a suceder.
¿ERES CATASTROFISTA? Es fácil darte cuenta si habitualmente tienes en la boca las palabras: "y si ". Ejemplo: "y si suspendo" " y si me echan del trabajo" " y si luego va y me deja" " y si hago el ridículo". Con este tipo de pensamiento se tiende a exagerar todo lo que sucede y a verlo de manera poco realista, las menudencias se convierten en desgracias y todo nos puede llevar a un miedo generalizado que no nos permite actuar. Soluciones: Reajusta tus pensamientos con hechos y una perspectiva más razonable. Si crees que la solución a tu pregunta no podría ser respondida aunque emplearas un mes entero en pensarla, no merece la pena dedicarla ni un solo segundo más. ¿TENGO EVIDENCIAS PARA MI CONCLUSIÓN? Es frecuente sacar conclusiones con demasiada rapidez y sin tener los datos precisos para hacerlas, como si se supiese de antemano lo que va a suceder. También es frecuente la "lectura de pensamiento" (para qué le voy a pedir trabajo, si seguro que no me lo va a dar) (no sé para que se lo voy a pedir, si me va a decir que no).
Soluciones: Pregúntate por las pruebas que tienes y si serían válidas ante un juzgado. Párate unos minutos y reflexiona.
¿ESTARÉ DESECHANDO LO POSITIVO? Piensa que no podemos atender a todos los estímulos que nos llegan, la mente actúa como un filtro, el peligro es que ese filtro seleccione únicamente lo negativo de las situaciones. Ejemplo: " en aquella situación lo que sucedió es que tuve suerte", "lo que realmente pasó fue que necesitaban a alguien rápidamente".
Finalmente recuerda: No se trata de ser más positivo, sino más realista. ¡Ya será un cambio muy positivo!
CLAVES PARA UN PENSAMIENTO PREDOMINANTEMENTE POSITIVO:
Pensar que el mundo es coherente y que tus acciones contribuyen a ello.
|