| ««« | El desván de la memoria |
Del color de los ojos Mercedes Martín Alfaya
Cuando me acerco a ti y descubro tu carita inquieta, tratando de arrancarme unas palabras, y sonríes, y te apresuras agitando las piernas como si quisieras transmitirme tu entusiasmo, la vida se convierte en un ramillete de globos de colores y serpentinas de fiesta. Y tú, mi pequeña Alicia, mi Blanca Nieves, mi princesa, esperas a que vuelva del trabajo moviéndote hacia el lugar donde el sonido de mi voz te reconforta. No temas, mi pequeña primavera, estoy aquí, acunándote en mis brazos, dibujando tu rostro en mi memoria para llevarme tu arco iris entre los papeles de la oficina. Porque te ha tocado una madre moderna, de las que trabaja dentro y fuera de casa, de las que termina de pintarse en el espejo del ascensor mientras contesta una llamada al móvil:
Has sido afortunada, mi lunita de plata, aterrizando en plena revolución tecnológica, donde no existen las distancias, donde puedo compartir tu llanto, tus primeras palabras, tus incursiones de exploradora bajo la mesa del salón a través del hilo telefónico o las imágenes de mi WebCam. Porque no siempre podré estar ahí cuando vayas creciendo; cuando te salga el primer diente, cuando la oruga se convierta en mariposa, cuando Cupido, con su flecha almibarada, te atraviese el corazón. Hubo una época en que las mujeres se dedicaban por entero al cuidado de sus hijos; ya te contará la abuela que, allá, en el pueblo, cuando no andaba enchufando el pecho cada tres horas, se pasaba el día apurándose las uñas entre cerros de ropa sucia, escurrida y mustia como un pétalo de rosa entre las páginas de un libro. Ahora, cuando la descubro en medio de sus silencios, orgullosa de haber cumplido con su deber y resignada a contemplar el mundo desde su particular ventana encalada, me parece que son ellas, nuestras abuelas, nuestras madres, nuestras mujeres, las auténticas heroínas de la fascinante historia que nos ha tocado vivir. Una época de igualdad, donde los hombres ya no se apalancan en la barra del bar, ni necesitan recorrer los burdeles para sentirse machos, antes de vomitar sus miserias sobre la aterciopelada piel de una madre de familia. Claro que, tampoco se les podía juzgar por la ignorancia: << Así lo hizo mi padre, el padre de mi padre y yo. >> Pero fueron ellas, esas mujeres que, pese a la ingratitud, siguieron abrazando los sueños de sus retoños y ayudándoles a encauzar su vida. Fueron ellas las que cuidaron de los hijos del primer astronauta que pisó la luna, las que compartieron los anhelos de aquel médico que hizo posible un trasplante de corazón, las que consolaron los fracasos del científico que no hallaba su fórmula magistral, las que movieron los mercados con sus canastos, las que poblaron las escuelas destrozando su cuerpo entre embarazos y, en definitiva, las que repartieron el cariño en el cuidado de sus familias, abriendo caminos para que otros avanzaran. Y gracias a ellas, tú, mi trocito de nácar, serás lo que quieras ser y llegarás a donde quieras llegar, porque las personas han crecido y seguimos progresando. Ahora, el hombre y la mujer son compañeros; en el trabajo, en la familia, en el campo de batalla, en el Paraíso. Y entre todos, conseguiremos devolver el lustre a este jardín para que ninguna serpiente se te enrosque al cuello. Muchas tardes, cuando regreses del colegio, te ayudaré con los deberes, prepararé el baño y merendaremos junto a la chimenea, inventando historias de caballitos que vuelan, piratas y aventureros. Y en vacaciones nos iremos a la playa, a la montaña, a explorar rincones, a cazar lagartijas, a perseguir mariposas. Y podrás hablar con tus amigos desde cualquier rincón del Planeta, mandarles mensajes, compartir sus canciones , porque el escenario ha cambiado y los actores también. ¡¿No resulta fantástico llegar a un mundo donde tus derechos se escriben con tinta impermeable?! Sí, sonríe, nunca dejes de hacerlo como ahora, aunque te apaguen la luz y se te hielen las manos; aunque parezca que algunos amaneceres no derraman su magia en el horizonte; aunque el camino se vuelva cuesta arriba y la tormenta te arrastre. Los días tienen sus sabores, como los caramelos: de olvido con limón, de fresa con nostalgia, de licor de pitufo, de macedonia, de menta con suspiros, de besos de cereza Y cuando te sientas sola, deja que las cosas te cuenten sus secretos. Busca en los libros todo aquello que no encuentres en los bolsillos y disfruta de pequeños regalos como el silencio, el reflejo del cielo en el estanque, el color de los ojos, el sonido de la lluvia, el manto dorado de la tarde, la simpleza de la margarita, el hilo invisible que sostiene las estrellas, las palabras sencillas, la magia del corazón Y si algún día no estoy contigo cuando me necesites, busca a los duendes y deja que te lleven al interior de su caja de música; los mejores sonidos se esconden en las cajitas de música. La abuela tiene una con bailarina y espejo. Y si ves que se le saltan las lágrimas, cógele la mano y pídele que te cuente lo de la culebra que le mamaba los pechos de noche, y cómo el abuelo dejó un rastro de harina por el suelo para descubrir su escondrijo. Se ríe mucho cuando recuerda al pobre hombre con los calzones medio caídos y el sombrero de paja, recorriendo la casa hasta el amanecer, con la escopeta al hombro. ¿Dónde te has metido, bicho inmundo? ¿Qué pretendes, asustar a mi muñeca? decía, refiriéndose a mí, que acababa de nacer. Ya ves, cómo pasa el tiempo y cómo vamos arañando el espacio y los relojes . Llegó un momento en el que parecía que nos alejábamos los unos de los otros. Los vecinos ya no conversaban en la escalera. Subían y bajaban en ese armatoste transporta humanos, pegándose a la chapa para preservar su espacio. Entonces llegó el AVE, el ordenador, el teléfono móvil, el fax . Es curioso, en el fondo, no nos gusta estar solos. Pero queda mucho por hacer Algunos tumores siguen supurando en busca de una presa a la que destrozar el horizonte, la falda y las entrañas Mujeres maltratadas, violadas o asesinadas que pasan a engrosar la estadística de las noticias de las tres. Y algunas nos levantamos cada mañana arrastrando una carpeta por los despachos, en busca de los mejores cirujanos, para ver si conseguimos erradicar la enfermedad. ¿Sabes? Yo tenía un futuro. Un futuro sin estrenar que, a veces, rozaba con los dedos desde las páginas de mi diario: "Estudiaré medicina y ayudaré a curar a la gente También compraré una casa con un perro al que llamaré "Duende", tendrá jardín y columpios para los niños. Compartiré los días azules con mi compañero; también los apagones. Seré feliz con lo que poseo, para que mis padres se sientan orgullosos de mí y los vecinos ya no digan que soy una locaina. " Pero, ya ves, no se pueden hacer planes. Mis amigas dicen que estoy muy cambiada, más serena, menos arrogante, pero que conservo la misma dulzura de siempre; me gusta esa palabra: "Dulzura". Parece que la saboreas al pronunciarla. Qué curioso resulta esto de las palabras: Las hay con peso como: director, camión, trabajo; también cantarinas: violín, campanilla, pajarillo; mágicas: estrella, sueños, azul. Incluso las hay tímidas: mirada, beso, sonrisa. Muchas habría que eliminarlas del diccionario: Racismo, Xenofobia, Venganza Era eso lo que pensé antes de que nacieras: "Venganza". Luego, cuando vi tu carita de chocolate y tus lagrimitas indefensas, se borraron los recuerdos y dejé de buscar a ese desalmado que me forzó en un portal. Qué más daba el color de su piel Quizá el destino tenga sus caprichos y recurra a estos avatares a los que nunca habríamos llegado con nuestros pasos. Doy gracias al cielo por haber cambiado mis planes de futuro en los que ni siquiera sospechaba tu presencia. Y ahora, mi niña de caramelo, mamá tiene que preparar su agenda de semana complicada. Aquí te dejo con tus campanillas azules, tu osito travieso y tus estrellitas luminosas, mientras salgo a pelear con el mundo para que ningún diablo sin escrúpulos se atreva a inyectar su veneno sobre las mujeres, aunque de esa semilla brote un ángel indefenso como tú, mi niñita de café y ricitos de carbón. Para que el destino continúe su curso y sigamos luchando por lo que de verdad queremos. Besitos,
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