«««      El desván de la memoria

  

  Hermosa

                 María Teresa Cameselle

 

Ella continuaba siendo hermosa. A pesar de los años, el desamor, el doloroso divorcio y las terribles operaciones a la que había sometido a su frágil cuerpo de cristal.

Hoy el jovencísimo camarero, aspirante a cineasta, le había sonreído mientras le extendía el menú, adorándola con la mirada. "Ya quisiera que usted fuera mi Mrs. Robinson", había susurrado con devoción.

Sí, seguía siendo hermosa. ¡Qué más daba que sus hijos continuaran llamándola papá!

 

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