| ««« | El desván de la memoria |
Iris Yolanda Sáenz de Tejada Vázquez
Aquel asesino siempre escapaba Era un anochecer de invierno sombrío. El cuerpo de la chica se escondía entre las hojas húmedas y castañas. La muerte atenazaba su piel desnuda y la policía volvió a llegar tarde. Fue la mañana siguiente del invierno descarado y de la muerta desnuda cuando detuvieron a aquel hombre en el restaurante. Ni un asombro en sus manos manchadas de aceite, ni una huella en su sonrisa torcida. Nada, pero aquel asesino había sido descubierto. Debería de haber cerrado los ojos de su última víctima. En ellos estaba perfectamente impresa su cara |