«««      El desván de la memoria

  

  Iris

                 Yolanda Sáenz de Tejada Vázquez

 

Aquel asesino siempre escapaba…

Era un anochecer de invierno sombrío. El cuerpo de la chica se escondía

entre las hojas húmedas y castañas. La muerte atenazaba su piel desnuda

y la policía volvió a llegar tarde.

Fue la mañana siguiente del invierno descarado y de la muerta desnuda

cuando detuvieron a aquel hombre en el restaurante. Ni un asombro

en sus manos manchadas de aceite, ni una huella en su sonrisa torcida.

Nada, pero aquel asesino había sido descubierto.

Debería de haber cerrado los ojos de su última víctima.

En ellos estaba perfectamente impresa su cara…

 

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