Muy pronto me enamoré de ti. Tu pelo
rubio y crespo, tan adorado en tu tierra, me envolvió como una cortina de humo, tus ojos
me mostraron un mundo lejano del que quiero aprender; pero lo que más me cautivó fue tu
sonrisa, cascada que penetra todo mi interior. Tu belleza, tus sentimientos, tus
pensamientos... me iban atrapando como fina tela de araña, que poco a poco ibas tejiendo
con caricias y amor. Me confundí, todo eso carece de valor, no sirve para nada. Antes de
fijarme en esas frivolidades, debí rebuscar, cual amante celoso, en lo más profundo de
tu cartera y comprobar si tenías papeles.
Pensaba que Dios nos había creado a
todos por igual, no es eso lo que piensan algunos de sus valedores, aquellos que le ponen
una vela y otra al diablo. Ahora te quieren alejar de mí. Yo les creí cuando
pontificaron que el mundo era uno, pero solo se referían a sus mercancías y consideran
que no eres materia prima; será que no te conocen: tú eres capital. Te envían a tu
país del que no rechazarán sus frutos, que viajan con toda libertad. Expoliarán tu
tierra y no me dejan explorar tu cuerpo, ni navegar por tu mente...
Cuando regreses dile a tus parientes
que solo os quieren para sus fastos, para que les limpiéis sus retretes sucios; para que
le cambiéis todos vuestros productos por espejos rotos y cuentas de vidrio; ahora lo
llaman armas, máquinas, tecnología...
Un día partiré hacia ese horizonte
que ahora surcas; pero antes he de convertirme en producto terminado, solo soy un hombre
que le queda mucho camino por recorrer hasta poder abrir las aguas, como Moisés, de ese
océano que tanto y tanto nos separa.