«««      El desván de la memoria

   Sabia respuesta

                            Mariano Tamagnini

Perdona papá, pero… ¿qué es la Tierra? –preguntó el pequeño a su progenitor.

Este, acomodando su cuerpo, se dispuso a contestar:

—Esta es la Tierra…, con sus valles fértiles, colinas serpenteantes, montañas en eterno nevadas, lagos cristalinos, mares intensos y un horizonte que, más allá, lleva indefectiblemente… al abismo. Todos sabemos que la Tierra es plana y se encuentra apoyada sobre cuatro enormes elefantes que la sostienen, a manera de columnas. A su vez, los elefantes están apoyados sobre una gigantesca tortuga que gira con pasos lentos, en círculo, sobre la Nada. Este movimiento repetido e incansable es el que da origen a los días y las noches, dado que la Luna y el Sol permanecen fijos en el firmamento y las estrellas son pequeños agujeros en el techo de la Nada, por donde se filtran los rayos de luz que permiten entrever otro Sol, del que nada sabemos, y que sólo puede verse de noche.

El niño pensó cuánta sabiduría se escondía en su padre, mientras miraba con atención el increíble firmamento.

   

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